Bastet es la diosa egipcia del hogar, la domesticidad, los secretos femeninos, los gatos, la fertilidad y el parto. Protegía al hogar de espíritus malignos y enfermedades, especialmente aquellas asociadas a las mujeres y a los niños. Como era el caso de muchas deidades de la religión egipcia, también jugaba un papel importante en la vida después de la muerte.
A veces se la representa como guía y ayudante de los muertos, aunque esta no era una de sus tareas principales. Era la hija del dios del sol, Ra, y se la asocia al concepto del Ojo de Ra (ojo que todo lo ve) y a la Diosa distante (deidad femenina que abandona a Ra y regresa para traer transformación). Bastet era una de las deidades más populares del antiguo Egipto ya que era la protectora del hogar y la familia de todos.
Significado del nombre de Bastet
Originalmente su nombre era B’sst, que luego se volvió Ubaste, luego Bast, y finalmente Bastet; no se conoce el significado de este nombre, o al menos no se ha llegado a un acuerdo unánime. Geraldine Pinch afirma que «su nombre probablemente significa “la del frasco de ungüento”», ya que se la asociaba con la protección y los ungüentos protectores (115). Los griegos la asociaban con su diosa Artemisa y creían que Bast debía tener un hermano gemelo, al igual que Artemisa (Apolo). Asociaban a Apolo con Horus, el hijo de Isis (Heru-sa-Aset), y así llamaban a la diosa Bast ba’Aset (Alma de Isis), lo que sería la traducción literal de su nombre agregándole la segunda «T» para denotar el femenino (Aset estaba entre los nombres egipcios para Isis).
Sin embargo, a Bastet a veces también se la vinculaba al dios del perfume y los olores dulces, Nefertum, quien se creía era su hijo, lo que vincula aun más el significado de su nombre con el frasco de ungüento. La explicación más obvia es que el nombre originalmente significaba algo similar a «la del frasco de ungüento» (Ubaste) y los griegos lo cambiaron a «alma de Isis» ya que la asociaban con la más popular de las diosas egipcias. De todas maneras, los académicos no han llegado a un acuerdo en cuanto al significado de su nombre.
Bastet fue extremadamente popular en todo Egipto tanto entre hombres como mujeres desde de la Dinastía II de Egipto (c. 2890 - c. 2670 a.C.) en adelante, y su culto se centró en la ciudad de Bubastis desde al menos el siglo V a.C. Al principio se la representaba como una mujer con cabeza de leona, y se la asociaba estrechamente con la diosa Sekhmet, pero, mientras que la iconografía de dicha deidad la mostraba cada vez más agresiva, las imágenes de Bastet se suavizaron con el tiempo para alejarla de sus anteriores formas de vengadora salvaje y presentarla más como una compañera y ayudante cotidiana. La académica Geraldine Pinch escribe:
A partir de los Textos de las Pirámides, Bastet tiene un doble aspecto de madre cariñosa y vengadora aterradora. En los Textos de los Sarcófagos, el Libro de los Muertos y en conjuros médicos, figura principalmente el aspecto demoníaco. Se decía que los «asesinos de Bastet» causaban la peste y otros desastres en la humanidad. Un conjuro aconseja hacerse pasar por «hijo de Bastet» para evitar contagiarse de la peste. (115)
EN EL ARTE A VECES SE REPRESENTA A BASTET CON UNA CAMADA DE GATITOS A SUS PIES, PERO SU REPRESENTACIÓN MÁS POPULAR ES LA DE UN GATA SENTADA MIRANDO HACIA ADELANTE.
A pesar de que era enormemente venerada, era igualmente temida, como lo demuestran dos de sus títulos: La Dama del Terror y la Dama de la Masacre. Se la asocia tanto con Mau, el gato divino que es un aspecto de Ra, como con Mafdet, la diosa de la justicia y la primera deidad felina de la historia egipcia.
Tanto Bastet como Sekhmet toman de Mafdet sus primeras formas como defensoras felinas de los inocentes y vengadoras de los damnificados. Esta asociación se mantuvo en las representaciones del hijo de Bastet, Maahes, protector de los inocentes, quien se muestra como un hombre con cabeza de león que lleva un largo cuchillo, o como león.
En la asociación de Bastet con Mau, a veces se la ve destruyendo al enemigo de Ra, Apofis, cortando su cabeza con un cuchillo en su pata; una imagen por la cual se conoce a Mau. Con el tiempo, al convertirse Bastet más en una compañera familiar, perdió todo rastro de su forma leonina y se la representaba regularmente como una gata doméstica o una mujer con cabeza de gato que a menudo sostenía un sistro. En el arte a veces se la representa con una camada de gatitos a sus pies, pero su representación más popular es la de una gata sentada mirando hacia adelante.
Bastet aparece en su forma de leona vengadora temprano en el tercer milenio a.C. en el bajo Egipto. Para el período de los Textos de las Pirámides (c. 2400-2300 a.C.) se la asociaba al rey de Egipto como su nodriza y luego protectora. En los posteriores Textos de los Sarcófagos (c.2134-2040 a.C.) conserva este papel, pero también se la considera la protectora de los muertos. El académico Richard H. Wilkinson comenta sobre esto:
En su primera forma conocida, en vasijas de piedra de la Dinastía II, Bastet era representada como una mujer con la cabeza sin melena de una leona. Sin embargo, la iconografía de la diosa cambió, tal vez debido a que se comenzó a ver a su naturaleza como más amable que otras deidades leoninas. (178)
Bubastis, el centro de su cuto en Bajo Egipto, se convirtió en una de las ciudades más ricas y lujosas de Egipto debido a que las personas viajaban allí desde todo el país para rendir pleitesía a la diosa y enterrar allí los cuerpos de sus gatos muertos. En el arte egipcio, su iconografía tomaba prestado de la anterior diosa Mafdet y también de Hathor, una diosa asociada a Sekhmet, a quien también se vinculaba estrechamente con Bastet.
La aparición del sistro en la mano de Bastet en algunas estatuas es un vínculo claro con Hathor, a quien tradicionalmente se la ve llevando el instrumento. Hathor es otra diosa que atravesó un cambio drástico de destructora sedienta de sangre a gentil amiga de la humanidad, ya que originalmente era la deidad leonina Sekhmet, quien Ra envió a la tierra para destruir a los humanos por sus pecados. En el caso de Bastet, si bien se volvió menos agresiva, no por ello era menos peligrosa para aquellos que rompían la ley o abusaban de otros.
El cuento de Setna y Taboubu (parte de la obra conocida como Primer Setna o Setna I) es la sección central de una obra de la literatura egipcia compuesta en la historia del Egipto romano y actualmente conservada en el museo de El Cairo, en Egipto. El personaje principal de los cuentos de Setna es el Príncipe Setna Khaemwas, quien está basado en el príncipe y sumo sacerdote Ptah Khaemweset (c. 1281 - 1225 a.C.), hijo de Ramsés II (r. 1279 - 1213 a.C.). Khaemweset, conocido como el «primer egiptólogo», fue famoso por sus esfuerzos de restauración y preservación de antiguos monumentos egipcios y, para el período de la dinastía Ptolemaica, se lo veneraba como sabio y mago. A pesar de que la historia puede interpretarse de muchas maneras, Geraldine Pinch sostiene que esta sección del cuento puede ser entendida claramente como una muestra de como Bastet castigaba a los transgresores.
En esta historia, el joven Príncipe Setna roba un libro de una tumba, incluso después de que los habitantes de la tumba le ruegan que no lo haga. Un tiempo después se encuentra en Menfis, cerca del Templo de Ptah, cuando ve a una hermosa mujer acompañada por sus sirvientes y se siente muy atraído por ella. Pregunta por ella y se entera que su nombre es Taboubu, hija de un sacerdote de Bastet. Nunca había visto una mujer más hermosa en toda su vida, y le envía una nota pidiéndole que vaya a su cama a cambio de diez piezas de oro, pero ella contraoferta diciéndole que se encuentren en el templo de Bastet en Saqqara donde ella vive, y allí él tendrá todo lo que desea.
Setna viaja hasta allí, ansioso por concretar el asunto en cuestión, pero Taboubu tiene algunas condiciones. Primero, le dice, él debe entregarle todas sus propiedades y posesiones. Él está tan consumido por la lujuria que accede a ello y comienza a abrazarla. Sin embargo, ella lo aleja y le dice que debe mandar buscar a sus hijos para que firmen documentos accediendo a esto, así no existen problemas con la transferencia legal. Setna accede y manda buscar a sus hijos. Mientras firman los papeles Taboubu desaparece a otra habitación y regresa vistiendo un vestido de lino tan translúcido que puede ver «cada parte de su cuerpo a través de él» y su deseo se vuelve casi incontrolable.
Una vez que están firmados los documentos, se acerca a ella de nuevo, pero ella tiene una tercera exigencia: sus hijos deben ser asesinados para que no intenten incumplir el acuerdo y enroscarla en una larga batalla legal. Setna acepta inmediatamente; sus hijos son asesinados y sus cuerpos tirados a la calle. Setna se saca la ropa, y lleva a Taboubu a la habitación. Mientras la abraza ella de repente grita y desaparece, al igual que la habitación y todo lo que los rodea, y Setna se encuentra parado desnudo en la calle con su pene dentro del una vasija de barro.
Para la completa humillación del príncipe Setna, aparece en este momento el faraón, quien le informa que sus hijos todavía viven y que todo lo que experimentó fue una ilusión. Setna entiende entonces que fue castigado por su transgresión en la tumba y rápidamente devuelve el libro. Además, compensa a los habitantes de la tumba al viajar a otra ciudad y recuperar las momias enterradas allí que eran parte de la familia de los habitantes de la tumba, para que todos puedan estar en un mismo sitio.
A pesar de que los académicos discrepan en cuanto a quien representa Taboubu, su estrecha asociación con Bastet como hija de uno de los sacerdotes de la diosa hacen que la deidad sea una posible candidata. La naturaleza depredadora de Taboubu, una vez que tiene a Setna donde lo quiere, recuerda al gato jugando con el ratón. Geraldine Pinch concluye que Taboubu es una «manifestación de Bastet, interpretando su tradicional papel de castigadora de humanos que ofendieron a los dioses» (117). En esta historia, Bastet toma la forma de una hermosa mujer para castigar a un infractor que profanó una tumba, pero la historia también habría sido una advertencia para los hombres que veían a las mujeres solo como objetos sexuales, ya que nunca podían saber si estaban o no en presencia de una diosa, y lo que podría pasar si la ofendieran.
A la diosa se la veneraba principalmente en Bubastis, pero ocupaba una posición tutelar en Saqqara y otros sitios. Wilkinson escribe:
La popularidad de la diosa creció con el tiempo, y en el período tardío y tiempos grecorromanos, disfrutaba de un alto estatus. El principal centro de culto de esta deidad era la ciudad de Bubastis - Tell Basta - en el delta oriental, y aunque hoy solo se conservan los contornos del templo de Bastet, Heródoto visitó el lugar en el siglo V a.C. y lo elogió por su magnificencia. Heródoto también describió el festival de Bastet y afirmó que era el más elaborado de todos los festivales religiosos de Egipto, con grandes multitudes que bebían, bailaban y festejaban desenfrenadamente. (178)
Heródoto es la fuente principal de información sobre el culto de Bastet y, lamentablemente, no entra en grandes detalles acerca del mismo. Parece que tanto hombres como mujeres servían como sus clérigos y, como sucedía con otras deidades egipcias, su templo en Bubastis era el punto focal de la ciudad y proveía servicios como la atención médica, asesoramiento y distribución de alimentos. Heródoto describe este templo:
El templo está en un terreno que parece una isla por todos lados menos por su entrada, pues que desde el Nilo corren dos acequias de cien pies de anchura cada una, con su arboleda que les da sombra, las que entrambas por diferente lado van sin juntarse hacia la entrada del templo. Es de notar que hallándose construido el templo en el centro de la ciudad, se deja ver con todo por cualquier parte se vaya girando; lo que sucede por haberse alzado con el tiempo el piso de la ciudad con su nuevo terraplén, y mantenido el templo en el plano inferior en que desde el principio se edificó, quedando así patente y visible de todas partes. Una cerca esculpida con figuras en toda su extensión, rodea y ciñe el lugar sagrado, y dentro de ella hay un bosque de árboles altísimos, que rodean a su vez en gran templo, de un estadio así de longitud como de anchura, dentro del cual está la estatua de la diosa. Delante de la entrada del templo corre un camino empedrado, de tres estadios de largo y unos cuatro pletros de ancho, con una arboleda alta hasta las nubes que a uno y otro lado se ve plantada. Este camino lleva al templo de Mercurio… (Historias, II 138)
Los egipcios viajaban todos los años al gran festival de Bastet en Bubastis, uno de los eventos más lujosos y populares del año. Geraldine Pinch, citando a Heródoto, afirma, «las mujeres se liberaban de toda restricción durante el festival anual en Bubastis. Celebraban el festival de la diosa bebiendo, bailando, tocando música y mostrando sus genitales» (116). El «levantar las polleras» por parte de las mujeres descrito por Heródoto, tenía tanto que ver con la liberación de las restricciones sociales como con la fertilidad asociada a la diosa. Como en muchos otros festivales a lo largo de Egipto, la celebración de Bastet era un momento para dejar de lado las inhibiciones, al igual que hacen juerguistas modernos en Europa durante el Carnaval o en Estados Unidos durante el Mardi Gras. Heródoto presenta una imagen vívida de las personas que viajaban a Bubastis para el festival:
El viaje que con este objeto emprenden a Bubastis merece atención. Hombres y mujeres van allá navegando, en buena compañía, y es espectáculo singular ver la muchedumbre de ambos sexos que encierra cada nave. Algunas de las mujeres, armadas con sonajas, no cesan de repicarlas; algunos de los hombres tañen sus flautas sin descanso, y la turba de estos y de aquellos, entre tanto, no paran un instante de cantar y palmotear. Apenas llegan de paso a alguna de las ciudades que se ven en el camino, cuando aproximando la nave a la orilla, continúan en la zambra algunas de las mujeres; otras motejan e insultan a las vecinas de la ciudad con terrible gritería; unas danzan; otras, puestas en pie, levantan sus vestiduras. Y esto se repite en cada pueblo que a orillas del río van encontrando. Llegados por fin a Bubastis celebran su fiesta ofreciendo en sacrificio muchas y muy pingües víctimas que conducen. Y tanto es el vino que durante la fiesta se consume, que excede al que se bebe en lo restante del año, Y tan numeroso el gentío que allá concurre, que, sin contar los niños, entre hombres y mujeres asciende el número a 700.000 personas, según dicen los del país. (Historias, Libro II.60)
A pesar de que Heródoto afirma que este festival superaba a los demás en magnificencia y excesos, en realidad existían muchos festivales que celebraban a muchos dioses sobre los que se podía afirmar lo mismo. Sin embargo, la popularidad de la diosa hizo que su celebración tuviera una importancia especial en la cultura egipcia. En el fragmento anterior, Heródoto señala como las mujeres en los barcos se burlaban de aquellos en la orilla, y esto probablemente se hacía para incentivarlos a abandonar sus tareas diarias y unirse a la celebración de la gran diosa. De hecho, Isis era la única que superaba a Bastet en popularidad, y una vez que Bastet viajó a través de Grecia a Roma, fue igual de popular entre los romanos y los súbditos del posterior Imperio romano.
La popularidad de Bastet se desarrolló a partir de su papel como protectora de las mujeres y del hogar. Como ya se señaló, era tan popular entre los hombres como entre las mujeres, ya que todos los hombres tenían una madre, hermana, novia, esposa o hija que se beneficiaba del cuidado de Bastet. Además, las mujeres en Egipto eran apreciadas y tenían casi igualdad de derechos, lo que casi garantizaba que la diosa que las protegía y cuidaba de sus secretos tuviera una posición especialmente elevada.
Los gatos también eran altamente apreciados en Egipto, ya que mantenían los hogares libres de pestes (y de esta manera controlaban las enfermedades), protegían los cultivos de animales indeseables, y proporcionaban a sus dueños una compañía fácil de mantener. Uno de los aspectos más importantes del festival de Bastet era llevar gatos momificados a su templo. Cuando el templo se excavó en 1887 y 1889 se encontraron más de 300.000 gatos momificados. Wilkinson, comentando acerca de su popularidad universal, escribe:
Amuletos de gatos y camadas de gatitos eran regalos populares para el año nuevo, y muchas veces se inscribía el nombre de Bastet en pequeñas «petacas de año nuevo» ceremoniales, probablemente para invocar a la diosa como otorgadora de fertilidad y porque a Bastet, como a otras diosas leoninas, se la veía como una deidad protectora capaz de contrarrestar las fuerzas oscuras asociadas a los «días del demonio» al final del año egipcio. (178)
Bastet era tan popular que, en 525 a.C., cuando Cambises II de Persia invadió Egipto, utilizó a la diosa para obligar a los egipcios a rendirse. Conociendo su gran amor por los animales, especialmente los gatos, hizo que sus soldados pintaran la imagen de Bastet en sus escudos, y reunió a todos los animales que pudo encontrar y los condujo delante del ejercito hacia la ciudad fundamental de Pelusio. Los egipcios se negaron a pelear por miedo a lastimar a los animales y ofender a Bastet, de modo que se rindieron.
El historiador Polyaneus (siglo II d.C.) escribe como, después de su victoria, Cambises II arrojó gatos desde una bolsa en la cara de los egipcios, despreciándolos por haber entregado su ciudad por animales. Sin embargo, los egipcios no cesaron en su veneración al gato y su culto a Bastet. Su estado como una de las deidades más populares y poderosas continuó durante el resto de la historia de Egipto y en la era del imperio romano, hasta que, como otros dioses, fue eclipsada por el surgimiento del cristianismo.
La mayoría de los dueños de gatos han oído el chiste de que su gato cree que es el rey o la reina de la casa. Si vivieras en el antiguo Egipto, ese acercamiento podría haber sido mucho más cercano a la realidad.
Los gatos en el antiguo Egipto eran tan amados que herir a uno era un crimen serio. Se les adornaba con joyas de oro, se les alimentaba con la mejor comida, e incluso se les enterraba con honores dignos de la realeza.
Esto no era sólo porque Egipto era una sociedad de amantes de los gatos. Los gatos eran venerados como los animales sagrados de Bastet, una de las diosas protectoras más importantes del panteón egipcio.
La mayoría de las deidades en el antiguo Egipto estaban asociadas con al menos un animal, sin embargo, ¿por qué los gatos recibían un tratamiento tan especial? La razón puede ser porque la diosa gata de Egipto reflejaba perfectamente los muchos beneficios que sus animales daban a la gente del mundo antiguo.
Debido a la forma en que se escribieron los antiguos jeroglíficos egipcios, los historiadores no tienen muy claro cómo se pronunciaba el nombre de Bastet.
Muchas fuentes indicaron que el sonido final -t en los nombres femeninos era probablemente silencioso, por lo que la diosa es a menudo referida como Bast o Best. Las reconstrucciones a partir del copto, mientras tanto, muestran que para el 1er milenio a.C. su nombre podría haber sido pronunciado como Ubast o Ubaste.
Es posible que todas estas pronunciaciones pudieran haber sido utilizadas en varios puntos. Los lingüistas saben que la lengua hablada de Egipto cambió mucho más a lo largo de la historia que la forma de los jeroglíficos escritos, por lo que es probable que el nombre de Bastet cambiara a través de los tiempos.
Esto es particularmente cierto ya que se sabe que Bastet fue venerada de alguna forma muy temprano en la historia egipcia.
Su forma más temprana fue la de una leona o una diosa con cabeza de león. Similar a la diosa leona Sekhmet, era una protectora.
Sin embargo, tanto la forma como la función de Bastet evolucionaron con el tiempo.
En el Tercer Periodo Intermedio (c. 1070 – 712 a.C.) comenzó a ser representada más como un felino doméstico que como una leona salvaje.
A diferencia de muchos dioses del antiguo Egipto, Bastet fue mostrada tanto en forma humana como animal. Apareció como un gato o una mujer con cabeza de gato en casi la misma medida, a diferencia de otros dioses como Anubis que se mostraban casi exclusivamente como híbridos.
Bastet era la protectora oficial de todo el Bajo Egipto. Esto la convirtió no sólo en la protectora del Faraón, sino también del dios del sol Ra, que era la forma divina del rey.
Su asociación con Ra la convirtió en una diosa del sol, así como en una protectora. Sin embargo, como los gatos están activos de noche, también estaba conectada a la luna.
A Bastet se le mostraba a menudo luchando contra Apep, la gran serpiente que amenazaba a Ra.
Su asociación con el Bajo Egipto, sin embargo, llevó a una especie de división dentro de su culto. En el Delta del Nilo, la protección de la corona del Bajo Egipto la llevó a ser representada como una diosa más feroz.
Bubastis, como los griegos llamaron a este aspecto de Bastet, conservó la cabeza de león y la fuerza de las anteriores diosas felinas.
En la mayor parte de Egipto, sin embargo, Bastet continuó estando más conectado con los animales domésticos que con sus primos salvajes. Bastet siempre fue una diosa protectora, pero asumió una caracterización más tranquila y nutritiva a medida que se asociaba cada vez más con los gatos domésticos.
La importancia de Bastet condujo a una de las tradiciones religiosas distintivas del antiguo Egipto. Debido a que era un protector del Faraón y del sol, los animales de Bastet se volvieron sagrados en todo Egipto.
Los historiadores creen que los gatos pueden haber tenido un estatus similar en Egipto al que las vacas han tenido tradicionalmente en la sociedad hindú. Dañar a un gato sería una gran ofensa contra la diosa y, se ha sugerido, sería severamente castigado por las autoridades.
Los gatos eran tenidos en tan alta estima que a menudo eran momificados después de la muerte. Es probable que no se sacrificaran intencionadamente, sino que se les daban los mismos honores que a un rey o reina cuando morían por causas naturales.
Cuando el templo de la diosa de los gatos en Tebas fue excavado, se exhumaron más de 300.000 gatos momificados. Mientras que algunos fueron enterrados en simples envolturas, otros tenían los mismos ricos adornos y embalsamamientos detallados que se encontrarían entre las clases más altas de la población humana.
Aunque quedan pocos mitos que se centren en Bastet, está claro que era una diosa importante. La fuerza de su culto, el predominio de sus imágenes y el gasto dedicado a sus animales sagrados muestran la fuerza de Bastet en el mundo egipcio.
Bastet comenzó como una leona temible y protectora. Su dominio se desarrolló realmente, sin embargo, cuando se asoció con los gatos domésticos.
Mientras que a Bastet se le dieron muchos papeles en la creencia egipcia, cada uno reflejaba el lugar de los animales reales en la vida egipcia.
Los gatos fueron domesticados por primera vez a partir de gatos salvajes africanos alrededor del 4000 a.C. Como una importante civilización agrícola en la región de la que estos gatos salvajes eran nativos, Egipto habría sido una de las primeras culturas en adoptar el felino domesticado.
Se cree generalmente que los gatos fueron domesticados por primera vez para proteger los almacenes de grano de los roedores y otras alimañas. Esto podría haber sido la base del papel de Bastet como protector de Ra.
El dios del sol estaba estrechamente vinculado a la agricultura y al crecimiento de las plantas en el pensamiento egipcio. Al proteger el grano, los gatos protegían algo que estaba vinculado al rey de los dioses.
Por supuesto, Bastet también puede haber estado vinculada a Ra basado en la afinidad que los gatos reales mostraron por el sol. Debido a que a los gatos les gusta dormir en lugares cálidos de luz solar, sus antiguos dueños podrían haber imaginado una afinidad con el dios del sol.
Bastet también luchó contra Apep, el monstruo de la serpiente gigante. En la vida real, se sabía que los gatos luchaban contra las serpientes venenosas nativas del Valle del Nilo, así como contra los insectos y otras plagas.
Con el tiempo, la protección de Bastet se volvió menos estrictamente física. Se pensaba que protegía a la gente de las enfermedades así como de las bestias peligrosas.
Un elemento de esto puede haber sido la protección que los gatos ofrecían contra las serpientes venenosas. Otro, sin embargo, podría haberse basado en su trabajo contra los roedores.
Mientras que los antiguos egipcios no entendían con precisión cómo se propagaban las enfermedades, la introducción de los gatos como una forma natural de control de plagas habría llevado a una disminución del número de enfermedades portadas por los roedores.
Aunque tal vez no se conociera el mecanismo, con el tiempo probablemente se habría observado una correlación entre los gatos y una menor tasa de enfermedades.
Esto llevó a que Bastet fuera también una diosa de los ungüentos y medicamentos protectores. Estos ungüentos se guardaban típicamente en frascos de alabastro, que pueden haber sido nombrados en su honor.
En la época de los griegos, Bastet también había asumido el papel de diosa maternal y protectora de los jóvenes. Fuentes contemporáneas dicen explícitamente que esto se debía a que los gatos eran madres amables y cuidadosas que a menudo daban a luz a grandes camadas de gatitos.
Mientras que muchos dioses se asociaban con animales con sólo tenues vínculos con sus dominios, está claro que el personaje de Bastet se basaba en el animal que la representaba. Como protector, madre y guardián contra las enfermedades, Bastet mostró los beneficios y comportamientos que eran evidentes en su animal sagrado.
Bastet era una diosa cuyo culto se hizo más amplio e importante a medida que su animal se hacía más prevalente. Con el tiempo, los gatos fueron venerados por el pueblo de Egipto por encima de cualquier otro animal porque eran realmente la imagen viva de la diosa que inspiraban.
Bastet, también llamada Bast, era una diosa egipcia con cabeza de gato. El protector del Bajo Egipto y el dios del sol Ra, Bastet se convirtió en una deidad importante en la religión egipcia.
Originalmente fue representada como una leona, pero en el primer milenio a.C. Bastet fue casi exclusivamente representada como un gato domesticado. Sólo en algunas partes del Delta del Nilo mantuvo la forma de leona, aunque los gatos domésticos todavía se asociaban a su culto allí.
A medida que Bastet se asoció más estrechamente con los gatos domésticos en su imaginería, también tomó más de sus rasgos en sus dominios.
Ra, el dios del sol, estaba estrechamente ligado a los cereales y la agricultura. Es probable que los egipcios domesticaran gatos para mantener a los roedores fuera de su suministro de grano, formando el primer vínculo entre los gatos y el dios sol.
También ahuyentaban a las serpientes y otras alimañas. Como el mayor adversario de Ra era una serpiente, era fácil imaginar a Bastet alejándola como su protectora.
Un efecto secundario de mantener alejados tanto a roedores como a serpientes fue la disminución de la propagación de enfermedades a través del suministro de alimentos. Con el tiempo, Bastet estaba tan estrechamente relacionado con la prevención de enfermedades que la piedra utilizada para los frascos de pomadas medicinales, el alabastro, fue nombrada en su honor.
Bastet incluso asumió el papel de diosa madre basándose en la fertilidad y el instinto maternal de los gatos domésticos.
Debido a Bastet, los gatos eran venerados en el antiguo Egipto. En realidad, sin embargo, la diosa era digna de reverencia por sus gatos y no al revés.

