Parapsicología a la luz de la filosofía espirita

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Para responder con exactitud al tema que nos ha asignado

la comisión organizadora del VII Congreso Espirita Panamericano,

realizado en Maracaibo, Venezuela, en 1966, debemos comenzar

diciendo que el deslinde entre espiritismo y parapsicología se inicia

con las denominaciones y las nomenclaturas técnicas. Los investigadores de mentalidad ortodoxa y materialista se vieron impelidos

hacia lo supranormal por el gran realismo que presenta, pero apartándose de todo nombre de carácter filosófico y religioso. Esta posición los llevó a crear voces para designar las investigaciones psíquicas, de las cuales han prevalecido algunas más o menos simpáticas para los oídos universitarios.

Han subsistido los nombres que estuvieron más acorde con

el ámbito científico, destacándose entre ellos metapsíquica y parapsicología. Con la adopción de estas denominaciones es cómo se

inició el deslinde entre ambas ciencias: la espirita y la parapsicología hasta llegarse, en algunos casos, a negarle al espiritismo todo

carácter científico.

Si bien es cierto que esta faz semántica del asunto que nos

ocupa ha enriquecido el diccionario de las lenguas cultas, por otro

lado ha establecido evidentes separaciones en un sector del conocimiento cuya esencia espiritual interesa a toda la humanidad. Las

causas de estos deslindes entre espiritismo y parapsicología habrá

que buscarlas en el aspecto positivo de la ciencia, la cual a partir del

Renacimiento, especialmente desde los siglos 18 e 19, se fue apartando de toda idea trascendental y religiosa, hasta situarse en el más puro antropocentrismo agnóstico. Empero, el despertar espiritual de

las ciencias se producirá por la acción conjunta de la parapsicología

y el espiritismo, no obstante el deslinde oficial ya establecido.

Pero para penetrar con mayor amplitud en este aspecto del

tema, consultemos un importante trabajo del escritor espirita brasileño dr. Carlos Imbassahy. En él se halla un enjundioso resumen

sobre la génesis de las denominaciones y nomenclaturas que se

conocen y que fueron adoptadas por investigadores y autores diversos en el campo internacional.

Imbassahy, después de reconocer el acuerdo entre la mayoría de espiritas y metapsíquicos y la falta de “hostilidad entre metapsíquica y espiritismo”, se expresó así:

“La fenomenología psíquica se divide en normal y anormal.

La primera entra en los cuadros de la psicología y muchas veces en

los de la psiquiatría. La segunda toma diversos nombres como el de

investigaciones psíquicas, metapsíquica, parapsíquica, sexto sentido, percepción extrasensorial, metagnomia, metapsicología, o paranormal, o extrasensorial y extranormal, sin hablar de términos de

ocultismo y de otros nombres aplicables únicamente a determinados ramos, como telepatía, psicometría, clarividencia, psicografía y

muchas más denominaciones.

“Investigaciones Psíquicas es el titulo dado por ingleses y

norteamericanos, lo que fue iniciado por la notable sociedad

fundada en Inglaterra, esto es, la Society for Psychical Research.

Richet adoptó el de metapsíquica, que significa más allá de la

psiquis; los alemanes denominan los hechos anormales parapsíquica, o sea al lado de la psicología o del psiquismo. Boirac propugna metagnomia de meta, más alía, y gnomia, conocimiento,

o sea, más allá del conocimiento normal. Richet aconsejó también la denominación de sexto sentido, para significar que el

conocimiento no pasa sólo a través de nuestros cinco sentidos.

En las mismas aguas navegó J. B. Rhine con su percepción extrasensorial: extrasensory perception: y para o extranormal quiere

decir al lado, juera o más allá de lo normal.”

Todos estos vocablos designan lo mismo, tratan del mismo

asunto, ventilan los mismos fenómenos, refiriéndose a la misma

ciencia, puesto que estudian los hechos del psiquismo desconocido,

inhabitual y anormal. Sólo diverge de ellos y asimismo en determinada particularidad, el espiritismo, porque además de estudiar el

fenómeno, tiene como definitivamente demostrada su causa que es

la acción del espíritu, ya del espíritu del ser vivo, ya del espíritu de

los muertos; de ahí su división en animismo y espiritismo propiamente dicho, subdividiéndose éste en fenómenos objetivos o subjetivos,

o físicos e intelectuales, poseyendo además la parte doctrinaria.

“Metapsíquicos, parasicólogos y metagnomos, pueden o no

aceptar como génesis de los fenómenos a los espíritus; la ciencia

sólo se preocupa por los hechos; la doctrina la consideran de carácter personal.”

Y continúa diciendo el doctor Imbassahy: “Ya en 1926 el

eminente catedrático de la Universidad de Praga, Oscar Fischer,

proponía en una revista de parapsicología que en lugar de la palabra ocultismo, que juzgaba detestable y con la cual los alemanes

designaban los fenómenos paranormales, se empleasen las expresiones metapsicología y parapsicología, o metapsíquica y parapsíquica, puesto que él las consideraba como sinónimas (véase su

escrito sobre Nomeclatur und Systematik des Okkultismus).

“El dr. Karl Gruber de la Escuela Superior de Munich, escribe,

en 1925 un trabajo sobre Parapsychologische Erkenntnesse (conocimientos parapsicológicos). Se refiere en él a “sus incursiones de naturalista en la ciencia prohibida”. Son debidos en gran parte a los trabajos de Schrenck-Notzing que, como se sabe, hizo largas experiencias

en el terreno de la metapsíquica. Concluye el autor que los conocimientos parapsicológicos demuestran que el alma no es función del

cuerpo y sus estudios se hallan dentro del psiquismo experimental.

“René Sudre declaró: “Boirac propuso parapsíquica; Richet,

metapsíquica (Revue Metapsychique, año 1925). Aún aquí los términos están en el mismo pie. El Congreso de Varsovia reunido en

1925, estableció conforme al parecer de la comisión respectiva,

introducir a las ciencias conocidas, los prefijos meta o para, indistintamente. Y así tendríamos, parapsicología o parapsíquica, o sean

los estudios de la parte física y de la intelectual; metapsíquica, la

cual abarcaría las dos partes, puesto que Richet ya la diviera en

subjetiva y objetiva.

“Willy Jasche publicó en 1928 una obra intitulada Die Parasypcho-logischen Erscheinungen (Los fenómenos parapsicológicos),

declarando en ella: “El fin de este libro es presentar al público el

conocimiento de las cuestiones metapsíquicas”, lo cual indica que

su parapsicología era el conocimiento también de la metapsíquica.

“Charles Quartier refiriéndose a ese autor afirma que él es

un metapsíquico de experiencias diversas, pues asistió a quinientas

modalidades del fenómeno (Ch. Quartier, La Metapsychique en

France et á L-Etranger, 1929).

“Tenemos ahí entonces a la parapsicología abarcando todo el

campo fenomenológico. La parapsicología de Jasche fue traducida al

francés con el título: “Les Phénoménes Métapsychiques”, obra que

no es más que “la recherche dans le domaine du supranormal”.”

“Emile Mattiensen en Der Jenseitige Mensch, Eine Einfuhrung in die Metapsychologie der mystichen Erfahrun (El hombre del

Más allá. Introducción a la Metapsicología de la experiencia mística). Es el estudio de la fenomenología psíquica.

“G. van Rynberk presenta notas históricas con el título El

Ocultismo y la Metapsíquica del siglo XVIII en Francia (1934). Declara en ellas: “Lo que se llama hoy parapsicología, o con la palabra creada por mi eminente colega Richet: la metapsíquica, la Metapsicología es una ciencia experimental exenta de ideas dogmáticas o de tendencias místicas”. Y continúa con la descripción de

fenómenos psíquicos paranormales.

“César De Vesme en la Revue Metasychique de 1934, refiriéndose al dr. Diez, Profesor de la Universidad de Leyde, declara: “El

Doctor Diez continúa colaborando en la revista metapsíquica neerlandesa Tidschrijt voor Parapsichologie”. Tenemos pues una revista

holandesa de parapsicología denominada también metapsíquica.

“J. C. Bernard escribe un libro intitulado The Supernormal,

donde trata de todos los fenómenos.

“Entre la percepción extrasensorial de Rhine y el conocimiento supranormal de Osty, la diferencia es muy poca, dice el

cronista de la Revue Metapsychique de 1934, pág. 265.

“Schrenck-Notzing publicó su obra Die Entwicklung des

Okkultismus zur Parasychologie in Deuschland (La Evolución del

Ocultismo en la parapsicología en Alemania,) obra ésta que no es

más que la descripción de los fenómenos parapsíquicos o metapsíquicos, que hasta entonces se llamaban ocultos.

“César de Vesme refiriéndose al Journal of Parapsichology,

dirigido por los Doctores Me Dougall y J. B. Rhine, declara que se

trata de “un travaill experimental dans le domaine communment

connu sous l'appellatión de Recherches Psychiques”. Esta publicación se trata de una revista consagrada al trabajo experimental, comunmente conocido con la denominación de investigaciones psíquicas (Rev. Mét. 1937). En consecuencia, la Investigación Psíquica

es lo mismo que la metapsíquica.”

“El mismo de Vesme, historiador y psiquista laureado por la

Academia Francesa, nos dice en su artículo Elogio de la ignorancia

en metapsíquica: “Ya se trate de la criptestesia del Prof. Richet, de

la metagnomia del Prof. Boirac, del conocimiento supranormal del

dr. Osty, de la percepción extrasensorial del dr. Rhine, hay un fenómeno en suma, que constituye una especie de clarividencia en el

tiempo y el espacio, ignorándose su mecanismo a pesar de las hipótesis elaboradas”. (Rev. Métap., 1935, pág. 375).”2

Ahora bien, no obstante la sinonimia que poseen los diversos vocablos citados, el deslinde entre parapsicología y espiritismo

es una evidente realidad. Pero esta proliferación de nombres no es

más que una forma de agrupar en sus respectivos campos a los cultores de las ciencias psíquicas y espiritas. Estas denominaciones

pretenden caracterizar a los psicólogos y parapsicólogos naturalistas y a los parapsicólogos espiritas; pero nosotros consideramos que

a pesar del deslinde que podrían producir ambas disciplinas, la

espirita y la parapsicológica, se hallarán siempre frente a lo inhabitual de que hablara Charles Richet, lo que equivale decir frente al

más allá de las cosas físicas y visibles.

Como se sabe, entre materialismo y espiritualismo clásicos

existe desde siglos atrás una separación irreconciliable. Ambas

corrientes representan las dos psicologías espirituales de la humanidad pensante, las cuales, por un exagerado extremismo ideológico, llevaron al conocimiento hacia la “materia absoluta” y hacia

el “espíritu absoluto”, las dos metas a que tiende la ideología del

hombre universal.

Sin embargo, esta dualidad mental del saber humano terminará con las demostraciones científicas de la parapsicología y el

espiritismo acerca de la Mente y el espíritu. Con estas dos formas de

aprehender el conocimiento, se avanzará hacia una síntesis del

saber para que desaparezca esa situación, al parecer irreconciliable, entre el materialismo y el espiritualismo clásicos. Se llegará así

a la tesis de Geley la cual sostenía que no hay “materia sin espíritu”

ni “espíritu sin materia”, labor esta confirmada por el espiritismo pero

que aún no acepta ni reconoce la ciencia llamada universitaria.

El “deslinde entre el espiritismo y la parapsicología” se establece técnica y científicamente con la aparición del famoso libro

Animismo y Espiritismo del sabio ruso Alejandro Aksakof. En dicha

obra la fenomenología mediúmnica nos muestra dos grandes zonas

psíquicas: la primera correspondiente a las fuerzas espirituales desconocidas del hombre, comprobadas definitivamente por William

Crookes y a la que llamó fuerza psíquica, y la segunda relacionada

con fenómenos mediúmnicos, donde los agentes que los producen

son seres espirituales que, para la filosofía espirita, no son otra cosa

que espíritus desencarnados.

El descubrimiento del animismo en el ser humano fue más

tarde reafirmado por lo que en léxico parapsicológico recibe el

nombre de ESP, con el cual se registró los nuevos campos de la

mente y su manera de accionar mediante la energía mental aplicada sobre el mundo físico.

La parapsicología, llamada también metapsíquica, se afirma

en los medios científicos y universitarios sobre la base del fenómeno mediumnico del espiritismo; pero el prejuicio de la ciencia en lo

que respecta a lo supranormal hace que la parapsicología se instale

en una sola zona de los fenómenos mediúmnicos, esto es, se coloca

en el fenómeno psíquico y anímico. De esta manera los hombres de

ciencia penetran en lo neopsicológico sin tener en cuenta las puertas metafísicas que así se les abren.

Se crearon nombres para designar esta nueva labor científica, como hemos visto, pero el llamado “quehacer científico” se

apartó de toda interpretación trascendental, siendo que el 15 de

febrero de 1923 el Profesor Charles Richet presenta ante la Academia de ciencias de París su célebre obra intitulada Tratado de Metapsíquica. Con esta obra la investigación de lo supranormal entra

en la vía científica, pero la actitud de los investigadores frente a lo

espirita resulta improcedente, puesto que la ciencia, cuando se inspira en la verdad, jamás rechaza nada a priori. La metapsíquica rechazó en sus comienzos al espiritismo, olvidando que sus bases

estarían asentadas sobre los dos mundos de la naturaleza: el mundo

psíquico y el mundo espiritual.

Sin embargo, a pesar de los deslindes y separaciones que se

establecieron entre espiritismo y parapsicología, investigadores

conscientes y progresistas reconocieron que no puede haber “animismo sin espiritismo ni espiritismo sin animismo”, lo cual equivale

a reconocer que la parapsicología, no obstante las características

universitarias que posee, su esencia y su técnica están relacionadas

con el saber espirita para quien las dos dimensiones del Ser, la psíquica y la espiritual, se interpenetran recíprocamente; en consecuencia, la separación o deslinde que pudiera existir entre espiritismo y parapsicología en manera alguna beneficiará la búsqueda

integral de la verdad. De ahí que algunos centros parapsicológicos,

a pesar del método científico que los rige, se han lanzado al trabajo

con “espíritu abierto” abandonando todo misoneísmo oficial. Uno

de estos centros fue el Instituto Argentino de Parapsicología, de

Buenos Aires, cuya Declaración de Principios expresa lo siguiente:

“El Instituto Argentino de parapsicología es una entidad de carácter

eminentemente científico y, por lo tanto, su orientación es completamente adogmática.

“Por ello, no es – en principio – ni materialista ni espiritualista;

simplemente estudia los hechos naturales que corresponden a la parapsicología, metapsíquica o metapsicología con criterio amplio de

investigación y sin prejuicios ni preconceptos. Pero, si de este estudio

surge la necesidad de emplear, como hipótesis de trabajo, la existencia

y supervivencia espiritual del hombre, no dejará de usarla por sostener

los esquemas materialistas de la ciencia del siglo 19 que, en el campo

de la físico-química, ya van siendo abandonados ante las experiencias

de las transmutaciones atómicas (en las que se desvanece la masa para

convertirse en energía), las que ya comienzan a demarcar nuevos

rumbos a la fisiología y a la biología en general.”

A lo cual agrega: “Y aún, si la fuerza de los hechos nos

muestra la conveniencia científica de nuevos esquemas, más amplios y completos, que abarquen debidamente todos los fenómenos

que estudiamos, no vacilaremos en emplearlos. Podremos así, por

ejemplo, aceptar como hipótesis de trabajo la existencia de un dinamo-psiquismo esencial, a la manera de Geley o la de un cuarto

reino de la Naturaleza, el Reino Espiritual (superpuesto a los tres

conocidos en el orden material: mineral, vegetal y animal), tal como lo propone el doctor Levindo Mello, lo mismo que cualquiera

otra que surja oportunamente”.3

El Colegio Argentino de Estudios Psíquicos, de Buenos Aires,

que presidía el distinguido hombre de ciencia Ing. José S. Fernández,

es otro organismo parapsicológico cuya Declaración de Principios

señala al conocimiento nuevos y amplios horizontes al manifestar:

“El Colegio Argentino de Estudios Psíquicos es una entidad de carácter científico en el más amplio sentido, entendiéndose, como lo expresara el genial físico Einstein que la “ciencia no es sólo una colección de leyes, un catálogo hecho sin mutua relación, sino una creación del espíritu humano con ideas y conceptos libremente inventados'. Los esquemas interpretativos de la realidad son, por lo tanto,

cambiantes, evolucionando con los nuevos descubrimientos hacia

más avanzadas y adecuadas concepciones y teorías”. 4

En cambio, el doctor Hans Schaefer, en un trabajo presentado

al Primer Coloquio Internacional de parapsicología realizado en

Utrecht, Holanda, en 1954, pone de manifiesto un criterio exclusivamente deslindante acerca de la parapsicología cuando dice: “Con

preferencia se ha repetido que la parapsicología científica existe desde

hace tiempo, y que es posible extraer conclusiones sobre un método

histórico que estudia casos individuales. Pero creo que la parapsicología ha entrado en una nueva era con las experiencias del dr. Rhine y

de sus seguidores, es decir que la parapsicología deviene así una ciencia psicológica en la medida que en este término se limite a designar

las ciencias de la Naturaleza”. “En tal sentido, agrega, la parapsicología estudia fenómenos cuya realidad se pone a veces en duda, por

cuya razón conviene establecer la existencia de estos fenómenos por

métodos objetivos y no subjetivos”.

El deslinde, como se verá, se efectúa sobre la base de lo puramente material, dejando de lado todo recurso subjetivo o de carácter trascendental. Por eso el dr. Hans Schaefer, seguía exponiendo: “La parapsicología lucha todavía por hacer reconocer como

reales a los fenómenos que estudia.

“Según mi criterio, las experiencias de Rhine han establecido

esos fenómenos como tales en lo que respecta a la telepatía y la clarividencia. En cambio, acerca de la precognición y la psicokinesia no

estoy aún convencido, pero me resisto a negar la existencia de tales

fenómenos. Esta cuestión para mí ni se ha resuelto todavía”. Y agregaba: “La segunda etapa de la parapsicología, como ciencia natural,

consiste en considerar esos fenómenos a través de una visión general

de las ciencias naturales, como la física y la fisiología”.”

Pero el deslinde se acrecienta a través de este investigador

cuando remarca así su pensamiento: “Según mi criterio, la existencia comprobada y admitida del fenómeno ESP no nos autoriza a

hablar de fenómenos que ultrapasan la naturaleza. Ni la independencia con respecto al espacio, ni la ausencia de órganos sensoriales, señalan que el fenómeno es inexplicable por medio de las

ciencias naturales. No está permitido extraer de tales fenómenos

ninguna conclusión teológica ni filosófica”. 5

La Sociedad Internacional de Parapsicólogos Católicos, con

asiento en Munich, procura establecer una cuidadosa separación entre parapsicología y espiritismo, con el fin de no llevar la investigación psíquica a los campos de la teología. Se considera que lo parapsicológico

deberá permanecer en la epidermis del fenómeno sin penetrar en la

parte profunda del mismo, pues es necesario abstenerse de formular

“toda hipótesis que trascienda el dominio estrictamente científico”.6


La Universidad lo mismo que la Iglesia han dado a la parapsicología una fisonomía netamente intelectual, apartándola de toda

labor de carácter trascendental y metafísico. Se creó un quehacer

parapsicológico inmanente, es decir, se deberá practicar una investigación dentro de las posibilidades psíquicas del individuo, reconocidas como “facultades ex-trasesoriales” o como PSI.

El deslinde entre espiritismo y parapsicología tiene también

su origen en los prejuicios sociales consistentes en el temor de ser

clasificado como espiritista. Se huye de esta clasificación y teoría

como si otras formas de conocimiento pudieran superar al espiritismo en lo que respecta al amplio campo de lo psíquico y metapsíquico dentro de la cultura contemporánea.

El doctor Gustave Geley decía que la doctrina espirita no obstante la claridad y sencillez de sus principios, se impone a la consideración de sabios y pensadores por la fuerza y realidad de los hechos sobre

los cuales se asienta. Sin embargo, el homo sapiens de nuestro siglo se

resiste el admitir un nuevo mundo espiritual como el que nos presenta el

espiritismo. Se conforma con dogmas en vez de una realidad espiritual

viva y comunicante; pero esta actitud ideológica halla también su justificación en las formas mentales de la raza elaboradas mediante siglos por

el dogmatismo en todos los órdenes. Henri Bergson en un discurso pronunciado en la Sociedad de Inventigaciones Psíquicas de Londres, se

preguntaba: “¿Qué habría sucedido si la ciencia moderna en lugar de

partir de las matemáticas para orientarse hacia la mecánica, la astronomía, la física y la química y converger sobre el estudio de la materia, hubiera comenzado por el espíritu, esto es, si Kepler, Galileu y

Newton hubieran sido psicólogos?”.

Nosotros respondemos, junto con el filósofo francés, que si

se hubiera comenzado así, la gnoseología habría tomado otra dirección y en lugar de afirmarse en lo material habría percibido el

mundo espiritual como la auténtica realidad de la Vida y de todo lo

existente. Empero, la cultura universitaria asentada sobre esa modalidad secular, y al no poder negar la realidad fenomenológica de la

parapsicología, estableció deslindes entre el espiritismo y sus propias prácticas experimentales, reduciéndolo todo “a lo psíquicoinmanente” y a lo antifilosófico y antimetafísico.

II

RELACIONES ESENCIALES ENTRE

PARAPSICOLOGÍA Y ESPIRITISMO

Al respecto podemos decir que las relaciones entre parapsicología y espiritismo pueden ser directas e indirectas, es decir de

acuerdo con la mentalidad de sus cultores. Ernesto Bozzano en su

notable trabajo Psicología de las convicciones puso de manifiesto el

carácter negativo de ciertos investigadores, a pesar de haber comprobado numerosas veces la realidad de los fenómenos metapsíquicos. Expresa en él que se afirma o se niega de acuerdo con la psicología ideológica o religiosa que se posee. Empero, hombres eminentes como Charles Richet, renuente en los comienzos de sus investigaciones, en lo que respecta a la interpretación espirita de los

hechos, se vio en la necesidad de acercarse a ella cuando dijo: “el

día de mañana quizás la metapsíquica tendrá derecho a remontarse

más alto, hacia una moral, una sociología, una teodicea nueva.”7

Este mismo pensamiento, con palabras más concluyentes,

fue expuesto, como lo veremos más adelante, por el dr. J. B. Rhine 

a quien le cupo el honor de introducir en el ámbito universitario los

fenómenos parapsi-cológicos o metapsíquicos.

Ahora bien, donde las relaciones entre parapsicología y espiritismo resultan más evidentes es en la obra científica realizada por sabios

como Oliver Lodge y Gustave Geley, y además por la crítica analítica

de León Chevruil, efectuada por medio de su libro El espiritismo

incomprendido, lamentablemente aún no traducido al castellano.

Pero quien expuso con más precisión las relaciones entre la

parapsicología y el espiritismo fue el Ing. Bozzano con sus numerosos libros y monografías que tanto interesaron al propio Richet. Su

obra definitiva al respecto fue ¿Animismo o Espiritismo?, con la cual

demostró que toda investigación metapsíquica se basamenta en las

zonas psíquicas del hombre, a las que llamó “metapsíquica humana”, pero que ella no termina ahí sino que se interna en las regiones

espirituales del individuo para penetrar en la “metapsíquica profunda” del Ser, esto es, en los fenómenos THETA, o del Más Allá, como los denomina la parapsicología contemporánea.

En los sectores parapsicológicos existen hombres que han

comprendido que la parapsicología, por moderada que resulte en

sus interpretaciones, penetra en lo ontológico y lo metafísico, lo

cual confirma la misma visión filosófica de Richet al dirigirse a los

jóvenes solicitando su ayuda idealista en favor de la metapsíquica.

“Es preciso, decía el sabio, reaccionar contra esas armas silenciosas y esos conceptos soporíferos. Es preciso, jóvenes, no dejarse invadir por el mal del siglo, es decir por el culto del dólar y la

veneración de los dogmas oficiales. No hay nada más venerable

que la verdad. La sociedad que va a nacer será diferente de la sociedad mecánica, materialista y físico-química en la cual nos enredamos desesperadamente.

“En rigor de verdad, agregaba Richet, esta transformación

moral que las ciencias no pueden darnos, pretenden traerlas las religiones: ellas proclaman la fraternidad (sin practicarla por otra

parte). Y bien, el mundo nuevo que nosotros entrevemos en nuestros sueños respecto del porvenir, conocerá una nueva religión.

“Puesto que tengo todas las audacias, pretendo que es preciso para la humanidad una religión, es decir otra manera de adoración que ésta del dios dólar, puesto que las concepciones de la

futura humanidad estarán por encima de la explicación material y

mecanicista de lo que que nos rodea.

“Esta nueva religión, concluyó el sabio, no tendrá mesias ni

profetas sino que, al contrario de las otras religiones, sus bases serán científicas ... Un nuevo ideal será su consecuencia y no sólo el

principio de una nueva ciencia”.8

Hans Driesch, el gran biólogo alemán, en una conferencia

sobre el tema Vida, Muerte e Inmortalidad, señaló abiertamente

las relaciones entre parapsicología y espiritismo al expresar:

“¿Qué nos dice la meta-psíquica sobre la supervivencia personal?

La doctrina espírita-monado-lógica, ¿es verdadera o falsa? Empero

no hay lógica contra ella. Me es necesario confesar que existe

toda una serie de hechos que me obliga a ir con simpatía hacia la

teoría espirita”.9

Las investigaciones parapsicológicas, esto es, los hechos

denominados ESP, han constatado en el Ser la realidad de la facultad PSI o sea el nuevo campo funcional de la mente. Por ello ha ido

descubriendo en la constitución psicosomática del hombre un elemento antimaterial que Richet ha llamado sexto sentido y el espiritismo periespíritu. De ahí que el distinguido espirita francés Ing.

Andry-Bourgeois, escribiera al respecto: “El prof. Richet con su sexto sentido o su “sensibilidad especial desconocida”, no ha hecho

más que señalar las facultades trascendentales de resonancia del periespíritu, al ser influenciado por una cantidad de vibraciones

ambientales conocidas y desconocidas.

“El dr. Eugenio Osty con su tesis sobre el “trabajo intelectual

de la viva inteligencia subconsciente”, que es la que elabora los

datos, ha hallado el Ego o el principio pensante, el alma humana

que analiza, en último término, las sensaciones y vibraciones que le

comunica el periespíritu transformador de frecuencias. Estos sabios,

agrega Andry-Bourgeois, están de acuerdo al final, puesto que el

uno, Richet, ha “descubierto” la vaina o el periespíritu, y el otro,

Osty, la hoja o el alma”.

Como se verá, eminentes metapsíquicos sobre la base de

trabajos realizados en el campo parapsicológico, se vieron precisados a reconocer “verdades nuevas” sustentadas desde sus comienzos por el espiritismo. Esta es la mejor prueba para sostener que la

parapsicología y el espiritismo se relacionan, aun cuando se quisiera persistir en esa negación de lo trascendental y de lo espirita. Ambas ciencias, empero, se relacionan porque experimentalmente

trabajan sobre un mismo campo y, tarde o temprano, tendrán que

fusionarse por la fuerza misma de los hechos.

Kant en su Crítica de la razón pura, estableció relaciones

entre el cuerpo físico del individuo y el ente espiritual e invisible

que se halla instalado en él. Decía al respecto: “Perteneciendo

nuestro cuerpo a la vez al mundo visible e invisible, forma aparentemente un solo sujeto. Sin embargo, no es una personalidad única.

Es preciso admitir que el alma humana está en contacto con dos

mundos a la vez, de los cuales sólo se da cuenta del visible, debido

a su íntima vinculación con el cuerpo físico.

“Queda reservado a tiempos futuros demostrar satisfactoriamente que el alma humana, aún en esta vida, se halla en contacto con entidades invisibles del mundo espiritual, capaz por eso de

recibir de ellas luces e inspiraciones”.

El profundo filósofo de Koenigsberg tuvo la exacta visión

espiritual del hombre y, por lo mismo, comprendió la verdadera

posición que deberá guardar la ciencia del alma. Esa relación entre

cuerpo, alma y mundo invisible que él señala, es la que obligará a

la parapsicología a inclinarse hacia la doctrina espirita, la cual

constituye la más perfecta síntesis científica y filosófica con respecto al Hombre y el Universo.

Ahora bien, si debemos ocuparnos de cómo las instituciones espiritas toman contacto con la parapsicología, es necesario

destacar la obra de numerosos hombres de ciencia que, lejos de

todo prejuicio antiespírita, no desechan en sus análisis las concepciones doctrinarias del espiritismo.

Jean Meyer, el destacado espirita francés, que puso su fortuna al servicio del espiritismo y la metapsíquica, fundó en 1925

al Instituto Metapsíquico Internacional, de París, haciéndose cargo

de sus gastos. Este organismo sirvió para relacionar a metapsíquicos y espiritas, pues la dirección del mismo llegó a estar a cargo de

hombres como Richet, Geley, Osty, etc., agrupando las figuras más

eminentes de la metapsíquica o parapsicología como Oliver Lodge, William Barret, Henri Bergson. El mismo Jean Meyer, en un

discurso pronunciado en el Congreso Espirita Internacional de

Londres, dijo: “El espiritismo y la metapsíquica, por el interés superior de la causa, deben ir dándose la mano. Si existen todavía

algunas divergencias, éstas desaparecerán poco a poco por el

examen atento de los hechos.

“Esta colaboración estrecha entre espiritistas y metapsiquistas

se impone cada día más; una escuela completará la otra, y esta unión

de pensamiento vendrá a poner en claro los problemas que a primera

vista parecen insolubles. Ella abrirá el camino luminoso de la verdad

que todos nosotros buscamos con ardor y perseverancia”.

Por su parte, La Revue Spirite en un editorial dedicado a ese

mismo congreso, escribía: “Invenciblemente el espiritismo filosófico, científico y social hace progresos a través del mundo, no obstante los obstáculos interesados de los que se oponen a su avance.

Ya sea bajo la etiqueta de espiritismo, ya bajo la de metapsíquica,

la idea va haciendo su camino”.11

Pero donde el movimiento espirita internacional propició

una relación netamente científica con la parapsicología, fue por

medio de la inmarcesible labor del Ing. Ernesto Bozzano. Este talentoso pensador italiano realizó con sus eruditas y profundas monografías una verdadera aproximación entre espiritas y parapsicólogos. Empero, cierta corriente parapsicológica dominada por un excesivo misoneísmo científico, se esfuerza en organizar el complot

del silencio en torno a la gran obra de Bozzano, olvidándose que

ha tenido la virtud de deslindar y unir a la vez la concepción espirita de los fenómenos frente a los producidos exclusivamente por la

denominada “percepción extrasensorial”.

El mérito de Bozzano radica en haber demostrado científicamente que ni el animismo ni el espiritismo, separados, logran

explicar el orden interno y externo de los fenómenos supranormales. “Ambos, decía, son indispensables para tal fin y no pueden

separarse, puesto que son efectos de una causa única; esta causa es

el espíritu humano que cuando se manifiesta durante su encarnación, determina los fenómenos anímicos, y cuando se manifiesta

mediúmnicamente durante su existencia desencarnada, determina

los fenómenos espiritas”.12

El propio dr. J. B. Rhine (al penetrar en lo que llamó “período del desarrollo en sentido general”) destacó las relaciones que la parapsicología guarda con la ciencia del alma, esto es, con las conclusiones filosóficas y espirituales del espiritismo. Dijo al respecto:

“La relación del PSI con la estructura orgánica, su origen evolutivo,

la posibilidad de que sea hereditario, y su relación con las interacciones pensamiento-cerebro, cada uno de estas cuestiones representa un campo de investigación que anteriormente no estaba definido, o no se tenía presente”. A lo cual agrega: “Este predominio de

las condiciones racionales se evidenció también en los últimos

años, por el reciente interés de los filósofos en los resultados, interpretaciones y lenguaje de la parapsicología. También se tiene en

cuenta, ahora más que en ningún momento pasado, la significación

de los descubrimientos de la parapsicología para la vida humana y

la sociedad. En particular su significación para la religión ha sido

un tema de discusión durante los últimos dos años, tanto por los

escritores legos como por los propios eclesiásticos”.

Como se verá, las relaciones entre la parapsicología y el espiritismo se insinúan ante la “posible influencia de la necesidad de

una adecuada filosofía de la vida” (J. B. Rhine), lo cual indica que

lo parapsicológico y lo espirita conducen a una misma realidad: la

entrada en lo ontológico y en lo metafísico del pensamiento filosófico ante el mundo supranor-mal que los hechos presenta, tanto a

través de las nuevas dimensiones de la mente como de lo puramente espirita y mediúmnico.

J. B. Rhine con gran claridad nos hace ver las relaciones que

existen entre parapsicología y espiritismo, cuando dice: “Sin duda

alguna, el más importante terreno común de lar religión y la parapsicología, hasta ahora reconocido, es el problema de la supervivencia del espíritu; la cuestión si existe en la personalidad humana algo

que pueda perdurar efectivamente más allá de la muerte del organismo corporal”.

Y agrega: “La religión es, por supuesto, el área más inmediata de aplicación para la parapsicología. Definida como investgación de las funciones no físicas de la naturaleza y de los principios que la gobiernan, la parapsicología tendría que reclamar para

sí muchos de los fundamentales problemas de la religión, así como la patología está necesariamente interesada en los problemas

de la medicina”.13

Con estos puntos de vista expresados por el dr. J. B. Rhine,

el más ilustre parapsicólogo contemporáneo, se puede dejar establecido las relaciones que existen entre la parapsicología y el espiritismo, ya que tanto el fenómeno como el noúmeno que mueven a

sus respectivas investigaciones, son siempre las mismas aunque se

hable de “nueva ciencia” o de otros argumentos de indole psicológica. Además, la similitud metodológica del espiritismo en su campo experimental con la parapsicología, en nada lo separan desde el

punto de vista científico, ya que ambas corrientes se asientan sobre

una misma base experimental, sino veamos cómo pensaba Allan

Kardec en su tiempo.

“El espiritismo, decía el maestro espirita, procede exactamente como las ciencias positivas, es decir que aplica el método

experimental. Se presentan hechos de orden nuevo que no se pueden explicar por las leyes conocidas; los observa, compara, analiza

y, remontando de los efectos a las causas, llega a la ley que los rige,

deduciendo después las consecuencias y procurando aplicaciones

útiles. No establece una teoría preconcebida; no presenta, como

hipótesis, la existencia e intervención de los espíritus, el periespíritu

ni la reencarnación; ninguno de los principios de la doctrina. Ha

concluido en la existencia de espíritus cuando esa existencia ha

resultado con evidencia de la observación de los hechos, y de igual

manera con los otros principios. No son los hechos los que vinieron

a confirmar la teoría, sino la teoría la que vino después para explicar y resumir los hechos”.

Este pensamiento de Kardec expresado en 1868 tiene la

misma vigencia del más exacto método científico moderno, y deberá ser adoptado por la misma parapsicología si no quiere extraviarse

en una falsa y estéril epistemología.

1. Posición del espiritismo como ciencia integral del conocimiento

El espiritismo como ciencia integral se mantiene firme frente

a la parapsicología, puesto que ella tanto directa como indirectamente no hace otra cosa que reafirmar sus postulados doctrinarios.

El espiritismo, como se sabe, es la realidad espiritual más avanzada

que se le presenta al materialismo en todas sus fases y concepciones; por consiguiente, la parapsicología, aun cuando persista en su

postura antiespírita, resultará siempre una ciencia con tendencias

espiritas, ya que sus resultados nunca podrán ser favorables a la

interpretación materialista del hombre y de la vida.

El espiritismo tiene una meta que alcanzar y es la de espiritualizar todas las formas del conocimiento. De él surgirá, sin duda

alguna, una moderna gnoseología y una nueva epistemología que

descubrirá en el Ser y el Universo una nueva imagen espiritual y

religiosa. Será el espiritismo quien demostrará definitivamente lo

que es realmente el hombre y la naturaleza y, sobre sus bases éticas

y espirituales, aparecerán nuevas formas de vida que llevarán a los

espíritus a reencontrarse con el verdadero sentido del universo y de

la evolución espiritual. De ahí, pues, que el espiritismo como ciencia integral se mantendrá firme en su posición filosófica, sin temer

que la parapsicología pueda conmover sus principios por irreales e

inseguros o por mal interpretados desde el punto de vista fenomenología). Todo cuanto la ciencia está conquistando en el campo

experimental no hace más que aproximar la doctrina espirita al

campo de los conocimientos universitarios. La filosofía espirita está

pues penetrando en el campo de la cultura, no obstante el silencio

que se hace a su alrededor y pese a los prejuicios que aún subsisten

con respecto a sus conclusiones doctrinarias.

El espiritismo frente a la parapsicología representa una

avanzada científica, ya que su cuerpo de doctrina no solo encara el

campo supra-normal de lo psicológico, sino que va más allá de

ello; penetra en el mundo vivo y real de los espíritus. De modo que

su vigencia ideológica permanecerá indemne y constante dando a

tímidos y remisos las luminosas verdades del porvenir.

2. ¿Tiene acceso lo ontológico a lo parapsicológico?

Si la parapsicología se nos presenta como una nueva problemática del Ser, no hay duda que su misión científica, si así puede decirse, se enfrentará con zonas del concimiento que se hallan en plena

crisis. La actualidad, próspera para la investigación ontológica, es para

la parapsicología una excelente oportunidad en el sentido de señalar

las formas reales del conocer, muchas de las cuales no son aún captadas por el sensorio normal del individuo. La sola posibilidad de un

acceso ontológico a la parapsicología, implica la urgencia de un quehacer filosófico que se base en una sensibilidad no común. Pues si es

posible un conocer extrasensorial, aún en su aspecto más limitado, lo

ontológico podrá ser alcanzado (esa es la nueva esperanza) por vía de

facto que eliminen todo obstáculo a lo parapsicológico inhabitual.

La relación entre sujeto y objeto, parapsicológicamente

considerada, implica la posibilidad de una criptestesia que permitirá la captación de valores gnoseológicos provenientes de zonas

profundas del hombre y del universo. Si ontologicamente pudiéramos entrar en las capas de lo parapsicológico, el ser humano, con

todo derecho, podría aspirar a un porvenir que signifique el de una

verdadera realidad metafísica.

Los actos psíquicos y los momentos extrasensorios de la parapsicología, son de por sí valores espirituales en los cuales se oculta el rostro de un poderoso noúmeno con capacidad para vencer la

relatividad del mundo circundante, a través de un nuevo Yo del

individuo. Como otras veces, el campo del saber está llamado a ampliarse, pero esta vez sobre la base del noúmeno parapsicológico. Es evidente que la búsqueda meta-psíquica se aproxima, puede

decirse, a un real deseo de encontrarle al individuo una significación espiritual trascendente.

Esta vez, si el factor ontológico llega a ser secundado por el

factor parapsicológico, el conocimiento se hallaría ante la posibilidad de conquistar óptimos beneficios. Lo deplorable sería si la parapsicología se desviara de su exploración extrasensorial por falta

de inquietud filosó fica; pero la filosofía deberá cooperar con la

parapsicología para que su real objetivo no se convierta en un intrascendente parapsicologismo.

III

POSICIÓN DE LAS ORGANIZACIONES ESPIRITAS

ANTE LAS SOCIEDADES DE PARAPSICOLOGÍA

Ahora bien, si el quehacer filosófico no se preocupa aún por

ese nuevo mundo espiritual que le ofrece la parapsicología, el porvenir de la metafísica, en el sentido positivo y progresista como lo

quería José Ingenieros (véase su estudio Proposiciones relativas al

porvenir de la filosofía), permanecerá estancado y las fuerzas metapsíquicas del ser humano tardarán mucho en reconocerse como

una nueva dimensión espiritual de la vida.

Será pues necesario, para que esto no ocurra, que las organizaciones espiritas se aboquen a los estudios filosóficos con el fin

de estructurar un nuevo pensar metafísico capaz de penetrar por

medio del fenómeno netamente espirita en el noúmeno esencial de

su naturaleza. El método filosófico deberá desarrollarse en las organizaciones espiritas con el fin de filosofar sobre los hechos y extraer

de ellos su contenido esencial y espiritual.

Sin embargo, no obstante el haberse establecido sobre la

base de los fenómenos metapsíquicos lo que el dr. Eugenio Osty llamó conocimiento supranormal, el quehacer filosófico quedó relegado, dentro del movimiento espirita, a las formas clásicas del

conocimiento: no se ensayó un saber del hombre y del mundo sobre la base de las facultades metapsíquicas del individuo. Se olvidó

también que Bergson hizo de la intuición una facultad para aprehender formas subjetivas de conocimientos.

Cuando Manuel González Soriano, el distinguido filósofo

español, escribiera el libro El Espiritismo es la Filosofía, dejaba establecido una nueva orientación en la manera de aprehender los

conocimientos espiritas. Puso de manifiesto que el quehacer filosófico era un seguro instrumento para penetrar en la esencia de los

fenómenos mediúmnicos. Por eso las organizaciones espiritas para

enfrentar las renuencias ideológicas que aún dominan en la parapsicología, deberán inaugurar en cada una de ellas cátedras de filosofía, pues sólo así es como superarán la faz puramente fenomenal

de los parapsicólogos de tipo naturalista.

En efecto, en cada organización espirita se deberá elaborar

una metafísica que conforme la esencia del kardecismo, presentando un nuevo humanismo espiritual que determine un renacimiento

de las agotadas fuerzas morales de la humanidad. Pues toda organización espirita que prescinda de las cátedras de filosofía no se pondrá nunca al nivel de la cultura contemporánea y la parapsicología

permanecerá indefinidamente en su rutinario campo experimental.

Si Manuel González Soriano llegó a la conclusión de que

“el espiritismo es la filosofía”, el quehacer filosófico en las organizaciones espiritas deberá interpretar la esencia metafísica de la fenomenología mediúmnica, teniendo en cuenta que la cultura moderna será más fácilmente desplazada de sus bases positivas por el

quehacer filosófico que por otros procedimientos. El sentido filosófico de la cultura contemporánea facilitará no sólo una penetración

espirita de la parapsicología, sino que permitirá una mayor difusión

del espiritismo en los diversos sectores del pensamiento moderno.

Las organizaciones espiritas tienen el deber de inaugurar una

nueva edad filosófica de la humanidad. Si el fenómeno espirita no es

interpretado a la luz de la filosofía, se olvidará que de los hechos

mediúmnicos “ha brotado una doctrina filosófica que armoniza con

el sentido científico moderno y que lleva al campo de la vida y del

progreso la idea del desenvolvimiento continuo y ordenado. 14

La labor filosófica en las organizaciones espiritas permitirá

desarrollar el método aconsejado por Allan Kardec cuando, refiriéndose a los distintos tipos de materialistas, escribió lo siguiente: “Toda

enseñanza metódica debe proceder de lo conocido a lo desconocido;

partid, pues, de la materia y procurad ante todo, haciéndosela observar, de convencerle que en él hay alguna cosa que escapa a las leyes

de la materia; en una palabra, antes de hacerle espiritista, procurad

hacerle espiritualista; pero para esto es necesario otro orden de

hechos, una enseñanza enteramente especial, a la cual se debe proceder por otros medios: hablarle de los espíritus antes que esté convencido de tener un alma, es comenzar por donde debería acabar, porque

no puede admitir la conclusión si no admite las premisas”.

En efecto, las organizaciones espiritas ante las sociedades de parapsicología, a fin de dar cumplimiento al método pedagógico aconsejado por Kardec, deberán recurrir a las cátedras de filosofía e ir en la

divulgación del ideario espiritista de las “premisas a las conclusiones

doctrinarias”. De este modo la parapsicología universitaria podrá tomar

de ellas las teorías que puedan explicar el contenido espiritual de los

fenómenos. Además, las cátedras de filosofía instaladas en los medios

espiritas darán a nuestra cultura un nuevo lenguaje y una nueva fisonomía. Se verá así lo que el espiritismo representa en el mundo de las

ideas y cuál es su papel en el proceso histórico de la humanidad.

Sin la filosofía el movimiento espirita hará caso omiso del

lema que dice: Hacia Dios por el Amor y la Ciencia, el cual fue adoptado por el primer Congreso Espiritista Internacional de Barcelona, realizado en el año 1888. Porque es preciso recordar que la

cultura contemporánea no es sólo un experimentalismo indiferente

ante el espíritu del hombre. El saber moderno va hacia la espiritualidad, lo cual se acelerará mediante los delineamientos de un quehacer filosófico que no se pierda en medio de intrincadas hipótesis.

Las organizaciones espiritas con sus cátedras de filosofía

podrán superar los significados del clásico aforismo que expresa:

Nada hay en la inteligencia que no haya pasado previamente por

los sentidos, base de las concepciones ideológicas asentadas en el

materialismo. Empero, los avances de la técnica al presentarnos los

principios mecánicos de la cibernética y la creación del hombrerobot con cerebro electrónico, no obstante todo ello, el saber espirita permanecerá inconmovible, ya que la misma parapsicología está

demostrando por las facultades PSI y los hechos ESP que el hombre

es un espíritu encarnado y no una organizáción físico-química como aún lo pretende sostener la escuela materialista.

Si la cultura contemporánea acepta la posibilidad de una antimateria y de un antimundo, ello es debido a que el sexto sentido del

Ser es una realidad y que el conocimiento supranormal anula experimental y vivencialmente al viejo aforismo de Locke y Condillac.

Frente a la parapsicología universitaria será preciso levantar

las grandezas ideológicas del espiritismo dialéctico, inaugurado en

América Latina por Manuel S. Porteiro (véase su libro del mismo

título), el cual señala la necesidad del método filosófico en los estudios espiritas.

Las organizaciones espiritistas frente a la parapsicología y

la cultura contemporánea, deberán analizar a través de sus cátedras de filosofía la llamada “disputa de la época” y sobre qué posibilidades existen en favor del “realismo supranormal”. En torno a

este problema denominado también “realismo fantástico” se han

escrito dos libros ya famosos: El Retorno de los Brujos, de Louis Pauwels y de Jacques Bergier, el cual fue refutado por El Fracaso

de los Brujos, de R. Imbert-Nergal.

En ambos volúmenes se discute la probable realidad parapsicoló-gica que existe o no en el mundo y en el hombre; pero no

obstante las ventajas que pudieran tener los racionalistas materialistas, al sostener la imposibilidad natural de los fenómenos de mediumnidad, el espiritismo y la parapsicología demuestran entre tanto que los fenómenos de la mente como los denominados theta

(casos de ultratumba), revelan una nueva dimensión psíquica y espiritual del hombre, lo cual pone en peligro la estabilidad de las

concepciones materialistas.

El método filosófico aplicado en las organizaciones

espiritas señalaría al mundo de la cultura que esta “disputa de la

época” entre partidarios y negadores de lo supranormal no es

más que una discusión entre mediumnismo y antimediumnismo

a la luz del pensamiento moderno. Pero, a pesar de todas las

argumentaciones del materialismo una cosa quedará en pie y es

que el hombre posee zonas aún desconocidas, tal como lo señalara en su renombrada obra el dr. Alexis Carrel (véase su libro El

Hombre, ese Desconocido).

Tanto partidarios como contrarios de los “brujos”, no obstante la disputa entre ellos, reconocen que el espíritu de los nuevos

tiempos dará al hombre conmovedoras novedades. Uno de los polemizantes, Louis Pauwels, director de la revista internacional Planeta, dice al respecto: “Entramos en un nuevo gran período del

tiempo, en que los cambios del mundo superan a la historia y tocan

a la estructura del mismo ser... En la humanidad entera se produce

un despertar, una renovadora alteración en los caminos del pensamiento, se opera una transferencia de la noción haber a la de ser.

Los grandes movimientos entre los pueblos y en el seno de los Estados son síntomas de una vasta inquietud ligada al fondo del ser.

Asistimos a una explosiva metamorfosis de la especie”.

A su vez los racionalistas materialistas, negadores de lo supranormal y de los “brujos”, através de R. Imbert-Nergal, expresan

lo siguiente: “Se acaba una nueva era y todo nos hace pensar que

se abre otra nueva. Primer punto de amplio acuerdo: el reconocimiento de una y otra parte, de las actuales transformaciones, rápidas y profundas de las condiciones de vida y pensamiento de la

especie humana”.

En efecto, sobre estas dos consideraciones se deduce que

partidarios y negadores de lo supranormal y parapsicológico reconocen una evolución en el mundo que conducirá indudablemente

a reconocer una realidad del Ser.

No en vano Richet anticipó el porvenir de la metapsíquica

al señalarle el derecho de presentarle al hombre y al conocimiento

“una moral, una sociología, una teodicea nueva”.

La parapsicología y el espiritismo, unidos en sus investigaciones

científicas, están abriendo una brecha en el campo de la metafísica demostrando que el Más Allá, fijado por las religiones en lejanos lugares

de ultratumba, se halla dentro del propio hombre. Por eso la filosofía

espirita que siempre vio el tema de la inmortalidad así, tiene en su favor

esa realidad espiritual inmanente en el propio individuo: busca esa realidad no en mundos extrahumanos o sobrenaturales, sino en lo interior

del ser humano, al penetrar en esa nueva realidad que el doctor Gustave

Geley llamó fisiología supranormal.

Todo el Más Allá espirita está en el hombre mismo que,

como espíritu y como Vida que es, sobrevive a la descomposición

del organismo. De ahí que una corriente espirita francesa antes de

la segunda guerra mundial sostenía este principio: El más allá esta

en nosotros.

Las organizaciones espiritas no son centros de contemplación pasiva; ellas representan focos dinámicos de cultura que deberán revolucionar el pensamiento humano por la ciencia y la filosofía. La parapsicología cabe pues ampliamente dentro de las mismas;

pero para ponerse a su nivel dichas organizaciones deberán cultivar

a sus adherentes por medio del estudio, la crítica y la reflexión filosófica. Cuando esto ocurra se producirá como una simbiosis cultural entre parapsicología y espiritismo, para surgir así la ciencia del

alma, nombre este tan significativos usado en todas las monografías

y libros de Ernesto Bozzano.

Será necesario recordar las palabras del célebre pensador

espirita francés dr. Juin Selva, al expresar: “¡Una cátedra de espiritismo en la Sorbona! El porvenir verá ese prodigio. Corresponde a

nosotros apresurar el día en que sea permitido a los venerables

apóstoles del espiritismo contemplar desde el Más Allá el primer

doctor oficialmente encargado de exponer al mundo los principios

elevados y fecundos de la filosofía de Allan Kardec”.15

Como decíamos antes, el mundo espiritual que la parapsicología naturalista aún se resiste a admitir no está situado en un

sitio sobrenatural. Por el contrario, se encuentra en el hombre mismo, en ese dinamo-psiquismo de Geley (véase su libro Del inconsciente al consciente), que es el que rige y condiciona las representaciones corporales del Ser.

Esta concepción espirita de lo espiritual es la que da a lo

metafísico y religioso un carácter experimental y la que hará fundir

a la parapsicología con la filosofía del espiritismo. El Más Allá en

este sentido está dentro de lo científico, pues a medida que se penetre en las zonas psíquicas y metapsíquicas del hombre se desvanecen las concepciones sobrenaturales de su existencia.

Las organizaciones espiritas al inaugurar sus cátedras de filosofía realizarán las profundización espiritual del individuo, ya que

todo filosofar que penetra en el Ser con los elementos gnoseológicos del saber espirita revelará indefectiblemente la realidad espiritista

del hombre y del universo. La parapsicología, influenciada por esta

labor filosófica, se verá precisada a penetrar primero en lo ontológico y después en lo espiritual y metafísico, cumpliéndose así las aseveraciones de Richet y Rhine.

León Chevreuil, al responder a sus críticos acerca de la parte

profunda del espiritismo, decía: “El más allá no está en lo Alto, se encuentra en el hombre corporal como en el que ha dejado su envoltura.

El más allá es simplemente lo que está alejado de nuestros sentidos o

fuera de nuestras comunes percepciones. Los dos mundos – el visible y

el invisible – se interpenetran, o mejor, no hay dos mundos, sólo existe una modificación en nuestra manera de percibirlos”.16

Federico Myers, autor del célebre libro La Personalidad

Humana y su Supervivencia a la Muerte Corporal, también comprendió que el más allá del Ser está en sí mismo y que ese más allá

se halla en la propia naturaleza. Decía al respecto: “Nuestro método nos ha revelado un mundo oculto dentro de nosotros mismos, y

este mundo oculto dentro nuestro nos ha revelado el más allá de un

mundo invisible”.

La parapsicología será la nueva fuerza espiritual que irá

acostumbrando a los hombres de pensamiento positivo a creer en la

posibilidad de un mundo inteligente e invisible instalado más allá

de lo físico. No es vana la obra que realiza en los claustros universitarios, ya que con ella se lograron abrir las cátedras para las cosas

del espíritu. Puede decirse que la parapsicología está realizando un

Paraespiritismo, puesto que está determinando una aproximación

hacia la aceptación científica de las ideas espiritas.

Toda la armazón del materialismo se está desplomando a

medida que “Los poderes del espíritu” (título de un libro de Eugenio

Osty y Marcel Osty) se van demostrando experimentalmente. La idea de un materialismo extremista está cediendo al de un espiritualismo moderado; pero la entrada de la parapsicología en las universidades resulta una conquista cultural que ampliará los campos del

conocimiento y facilitará la obra del espiritismo, ya que es muy

poco el espacio que separa lo para-psicológico de lo espirita.

El dr. Eugenio Osty y el Ing. Marcel Osty, al finalizar el libro ya

mencionado, escribieron: “Vivimos en una época en que ciertos biólogos, y no pocos, declaran que ya no les resultan satisfactorias las

teorías materialistas de sus predecesores, y se resisten a creer que la

vida de la materia organizada es la resultante de una interacción ciega

de los elementos constitutivos de la materia”. A lo cual agregaban:

“Los autores de estas líneas están convencidos que el estudio de los

sujetos de producción psíquico-supranormal en el tiempo y el espacio,

con su acción excepcional sobre la materia, constituye la forma

más rápida y ventajosa para poder descubrir la relación que corre

entre estos dos aspectos de la vida: materia y pensamiento, enorme

enigma al que está ligado el destino del hombre”.17

Estas reflexiones son como una llamada para las mismas instituciones espiritas en lo que respecta a su actitud filosófica frente a

las sociedades de parapsicología. Ellas fueron creadas para establecer una síntesis del conocimiento; en consecuencia, su labor deberá encauzarse sin pérdida de tiempo hacia el establecimiento de

cátedras de filosofía, pues las declaraciones de los Osty, dos eminentes metapsíquicos franceses, hechas después de las notables

experiencias con el médium austriaco Rudy Schneider, a las cuales

aplicaron la acción vigilante de los rayos infrarrojos, resultan decisivas para el aspecto cultural de las organizaciones espiritas.

Es preciso tener en cuenta que los centros espiritas no se limitarán a tareas exclusivamente éticas, las cuales son altamente provechosas en este momento especial de la sociedad humana. Pero, aparte de ese muy nobilísimo trabajo, deberán poseer sus departamentos

de cultura donde el quehacer filosófico creará las condiciones adecuadas para que la parapsicología no desdeñe al espiritismo considerándolo un tipo de religión sin ninguna vinculación con la ciencia.

Por el contrario, las organizaciones espiritas serán las antesalas de un

saber integral en lo que respecta al hombre y la historia.

Sólo así es cómo el ideal espirita se proyectará en la cultura moderna para conducir a la humanidad hacia las realidades del

mundo espiritual, fuente inagotable de todo bien, de toda verdad

y de toda belleza. Habrá así un despertar de las conciencias y el

pensamiento se inclinará hacia lo espiritual sin rechazar por eso la

realidad material.

El ideal filosófico surgirá como una estrella polar en la vida

de las naciones y el trabajo y la evolución responderán a la más

bella y majestuosa teleología: el espíritu inmortal y palingenésico

rumbo a la realización de la soberana conciencia, la soberana justicia y el soberano bien (ver Del Inconsciente al Consciente, de Gustave Geley).

Además, el espiritismo se instalará en la cultura de los pueblos como una fuerza fecunda e inspiradora para devolverle a las

almas el sentido de la belleza y la justicia. Sólo así el evangelio se

emancipará de los dogmas y Allan Kardec y sus más grandes discípulos serán reconocidos como faros orientadores para el avance de

la ciencia y el perfeccionamiento de la filosofía y la Religión.

Si realmente estamos en la llamada Era de la Revolución,

que ella se produzca por las fuerzas del espíritu y no, por el odio y

la fuerza. El espiritismo, unido a la parapsicología, saldrá en procura de la verdadera filosofía del hombre y de la historia. Su estrella

estará brillando siempre sobre los cielos de América y del mundo

para que el amor sea la mejor guía de la cultura y la mejor legislación para los hombres y los pueblos.

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