Nuestros pensamientos e ideas, y nuestros conocimientos racionales e intuitivos, son portados por el cuerpo
mental. Su vibración es mayor que la del cuerpo etérico y la del cuerpo emocional, y su estructura es menos
compacta. Es de forma ovalada, y en el desarrollo superior del hombre su volumen puede extenderse hasta
ocupar aproximadamente el mismo espacio que el cuerpo emocional y el aura emocional juntos. La irradiación
áurica del cuerpo mental tiene un alcance de unos cuantos metros más.
En una persona poco desarrollada mentalmente, el cuerpo mental tiene la apariencia de una sustancia blanca
lechosa. Los pocos colores existentes son apagados y sin brillo, y su estructura aparece relativamente opaca.
Cuanto más vivos son los pensamientos y cuanto más profundos son los conocimientos intelectuales de una
persona, tanto más claros e intenso son los colores que irradia su vehículo mental.
Al igual que el cuerpo emocional, el cuerpo mental también posee una octava mayor y una octava menor.
Sus frecuencias menores se manifiestan en el pensamiento lineal del entendimiento racional, a través del cual
buscan su acceso a la verdad la mayoría de las personas. Este tipo de actividad racional se basa en las
percepciones del plano físico. Junto a esto, el cuerpo físico y sus sentidos recogen informaciones que
transmiten al cuerpo emocional a través del cuerpo etérico; el cuerpo emocional transforma las informaciones
en sentimientos y los retransmite después al cuerpo mental, que, a su vez, reacciona ante ellos con la
formación de pensamientos verbales.
Con frecuencia, debido a la influencia del cuerpo emocional y de sus estructuras emocionales no liberadas,
las informaciones se distorsionan y el pensamiento se tiñe. Surgen esquemas mentales recurrentes a través de
los cuales enjuiciamos los acontecimientos de nuestro mundo. Esto significa que el entendimiento racional no
es ni mucho menos imparcial y objetivo, aun cuando se arrogue esa cualidad.
Los pensamientos que surgen en el cuerpo mental por esta vía generalmente giran en torno al bienestar
personal y a los intereses del devenir terrenal y mundano. En este caso la solución racional de los problemas
se convierte en la función principal del cuerpo mental. Sin embargo, esto significa una distorsión de su carácter
original y una limitación de sus capacidades.
El aura del hombre desde dentro hacia fuera: 1) El aura etérica. 2) El aura emocional. 3) El aura mental. 4) El
aura espiritual.
La auténtica función del cuerpo mental consiste en recoger las verdades universales que le llegan del plano
del cuerpo espiritual e integrarlas con el entendimiento racional, que las transfiere a las situaciones concretas y
lleva a una solución del problema en consonancia con las leyes universales.
Los conocimientos que de esta forma nos llegan del plano espiritual de nuestro ser se manifiestan como
intuición en forma de intuiciones repentinas, a menudo en imágenes o incluso en sonidos que después se
transforman en pensamientos verbales. Nos permiten mirar al interior de la auténtica naturaleza de las cosas y
tienen una estructura holográfica, al contrario que el entendimiento lineal que parte de la concepción racional.
El acceso a la octava superior del cuerpo mental lo encontramos en una unión del chakra frontal con el
chakra coronal. Si el cuerpo mental está plenamente desarrollado, se convierte en el espejo del cuerpo
espiritual, y el hombre realiza en su vida la sabiduría y el conocimiento integral del yo superior.